I FOLLOW RIVERS by LIKKE LI

miércoles, 15 de septiembre de 2010

"SINGLES", A LITTLE STORY ABOUT THE SMITHS


Quién tenga como acertado hobby adentrarse por la historia de la música occidental, no dejará pasar la oportunidad de tener en sus manos un disco de The Smiths, banda británica que vió la luz en 1982 y cuyos componentes fueron: Morrisey, Johny Marr, Andy Rourke y Mike Joyce. Han sido influencia para muchas bandas británicas posteriores y en general para quienes hicieron de la empatía a Morrisey un estilo de vida. Remniscencias a literatura británcia y artística de los 60 que un servidor ignora y que florecen las letras como si del mismo Oscar Wilde tratase con la volatil jueventud.
Cuando la electrónica se imponía en las pistas de baile y trazaba una línea transversal en la música, The Smiths publican su primer LP comercial: "The Smiths" (1984), más tarde vendrían "Meat is murder" (1985), "The Queen is death" (1986) y "Strangeways, Here we come" (1987). Seguramente el lector se haya percatado de que la producción de discos era practicamente anual. Ésto ha propiciado alguna crítica que los tildaba de oportunistas para una indsutria musical ávida de nuevos productos.
El album que he elegido es una muestra para vuestros oídos de lo que The Smiths fueron, "Singles" es esa "paleta" de canciones que propicia un acercamiento a una de las bandas musicales más laureadas del siglo XX.

http://typicalsmiths.blogspot.com/

http://sinera.diba.cat/search~S171*cat?/Xthe+smiths&searchscope=171&SORT=R/Xthe+smiths&searchscope=171&SORT=R&SUBKEY=the%20smiths/1%2C16%2C16%2CB/frameset&FF=Xthe+smiths&searchscope=171&SORT=R&8%2C8%2C

martes, 7 de septiembre de 2010

REQUIEM

Eran algo más de las 2 de la mañana, cuando me encontraba sentando en el banco de una marquesina, en aquella parada de autobús que aquel día no cogí. Llovía, a ratos con intensidad, a ratos con calma, por eso me acobijé en aquel lugar sin autobús.
En aquellos años de infancia de inocente solipsismo e imaginación, me pasaba tiempo mirando a la lluvia, la mayoría de las veces, detrás de un cristal. El sonido del agua al caer, el contacto de las gotas con las cañerías y en los cristales, hacían enmudecer lo mundanal; que con avidez huye, ellos quieren alejarse de su húmedo contacto, de su constante presencia... Se retraen a sus tareas, pendientes en cualquier momento de su cese.
Ahora ya no soy aquel niño, pero sigo viéndolo como si fuera de nuevo el protagonista de la escena; sentado en una mesa, con una hamburguesa entre mis manos y un puñado de patatas fritas sin catar, acompañadas en todo momento por un refresco de cola. Miraba por el cristal y veía un ingente colectivo de paragüas moverse por las aceras. De repente el 149 llega a su parada final, aquel microbús de color amarillo se convirtió en salvalluvia para los que con impaciencia habían estado esperando en la parada de autobús; en la parada contigua, la que espera al 40, habían esperando futuros viajeros.
Ya no hay ni 40 ni 149 en Red de San Luis, pero si días de lluvia, y yo ahora estoy en la parada, y aunque en mí, la lluvia sigue siendo aquella de cuando era niño, ahora la noche era suya y entonces note su presencia y a través de mi mente vi la escena, una noche de Los Ángeles, cayó.

Alguien entra en el metro de Los Ángeles, se sienta en el asiento y fallece; nadie de los que le rodea se da cuenta de que ha muerto.

viernes, 3 de septiembre de 2010

2.3 La marcha

De camino hacia la puerta que comunicaba con el exterior, me dí cuenta de que menos ésta, las demás se encontraban entreabiertas. La primera puerta empezó a ladearse haciendo sonar la visagra.

Conforme pasaba el tiempo la puerta adquiría velocidad, el primer portazo activó la segunda hoja, que por simpatía empezó a moverse, otro portazo de la primera y primer portazo de la segunda que activó a la tercera puerta.

La casa había preparado su propio comité de despedida; cuarta puerta en funcionamiento, los portazos se repiten con frecuencia, quinta puerta, todas las hojas en movimiento, ningún portazo se solapaba. Del ruido, ecos de tambores anunciando la marcha de los triunfantes. La rueda se puso delante mío, levitando sobre su eje, todavía restos de sangre en la cuchilla, lo podía ver en la parte superior.
De repente las puertas pararon en seco.

Precedido por la rueda, me dirigí sosegado a la puerta de salida, sin embargo sólo avance un par de pasos, una sensación acrecía en mi interior. Miré a la rueda, en la cuchilla superior el reflejo de una botella de ginebra, me giré y la ubiqué en la mesa camilla; retrocedí al salón, la cogí y me percaté de que Luca ya no se hallaba. Lo que sí que se movía era la peícula del Patito Lila, miré un rato la escena cuando el protagonista se encuentra en el rellano de la vieja casa, a donde había llegado tras seguir a una chica con apuros y que le solcitó ayuda. Me apetecía quedarme a ver la escena que se iba a producir en ese instante; ráfagas de proyectiles y sangre recorriendo la habitación, empero, la música, en el ritual de danza destructora, la gimnopedia número 1 de Erik Satié dirigía la imagen que se reproducía a cámara lenta y hacia aquel instante ingrávido.
Cada nota y cada acorde eran vectores de muerte y destrucción, ensimismado veía aquel baile intenso pero breve.
Decidí retroceder la película hasta el inicio de la escena y volví a oír la gimnopedia; subí el volumen, quería que fuese mía en ese instante.
Un momento de ingravidez, acompañado por una botella de Ginebra que precipité por toda la estancia. Me alejaba conforme llegaban los acordes finales, a trás me precedía una cordita de alcohol. El momento final se acercaba, la cadencia.
Una caja de cerillas en mi bolsillo, la canción se paró y el sonido de la película se enmudeció. Un fósforo encendido cayó sobre el alcohol y comenzó a inlfamarse.

-El fuego, la combustión, lo fatuo-

Aquella era otra mañana fría. La decadencia es una situación que se acobija en temperaturas gélidas, bajo cero, un hogar en el que vivía desde hacía tiempo, siempre cuesta abajo, siempre mirando al frío abismo venir. No había prenda de vestir que cubriese aquella sensación, ni cálida mirada en el horizonte. Aprendí en aquella solitaria experiencia, como Orestes convivió con sus remordimientos, a vivir con la rueda y la sangre.

miércoles, 4 de agosto de 2010

La vida...

Qué es la vida.
Hace algo menos de treinta años, una jóven pareja en rebujo sobre la cama de una pequeña habitación de la Corredera Baja, al lado de los madriles de las zarzuelas.
Ella es quien tararea la canción, de pelirrojo pelo y ojos verdes-miel saltones, las pecas de su mirada definen una pequeña dolls. Afortunado e inquieto por su deseo, él: pelo negro, bigote negro y mirada ensimismada.
Un ramito de violetas, la canción hace vibrar los sentimientos de ella, a él le gusta, le vuelve más tierno, más cuidadoso.
Son las primeras cintas de cassette, toca rebobinar el hilo. Él se levanta y complaciente ella, lo mira absorta. Tras un primer intento fallido, la canción vuelve a sonar y ella, como si las anteriores veces se hubiera dejado una emoción en el tintero, vuelve a vibrar. Aquella que quiere ser querida, aquella que un día fue buscada y encontrada, aquella que va sufrir, pues que es la relación entre personas sino un continuo entre querer y sufrir.
Ahora se mira en el espejo, el tiempo ha pasado, empero. aquella muñeca todavía conserva aquel rostro, pues, qué sería un cabalísta sin su sílfide. Él también ha vivido muchos otoños, ha perdido con ellos el cabello y el tiempo. El tiempo, abstracto, medible y notorio. A los ecos del tiempo un sonido vuelve a susurrarle en su melena ya no tan pelirroja. Aquella canción y con ellos aquellos sueños; pero, ¿quién es aquella chica?, no eres tú mujer, tú eres la mujer del espejo, ella solamente es una chica de veintiseis años con sus inquietudes. Te resulta extraña a la vez que familiar. Los recuerdos se vuelven nostalgia, pero no quieres caer en ella. Piensas no soy, porque ya no me atan aquellos sentimientos y aquella visión de futuro. Al final decides apartarte del espejo y te diriges a la ventana. Atisbas la calle, cada detalle es importante, como queriendo encontrar a alguien allí. Al cabo de un rato, aparecen dos siluetas jóvenes; allí están, un día dijeron que volverían y así lo hacen, ella una joven de veintiocho años, él un año menos. Los dos tienen cierto aire de ilusión por la vida, de ganas de tener nuevas experiencias y cierta arrogancia inmadura.

miércoles, 14 de julio de 2010

2.2 Rústico

Entonces surgió la conversación:

- Existo y pienso, ¿ellos lo sabían?-

Rusticiani non civilae, rusticiani non personae

- ¿y quién ha decidido por mi?-

No esperaba otra cuestión, empero, siguieron otras en torno a su vida. Mi arrogancia inicial se transformó en un tono afable; el comenzaba a comprender.

La pregunta correcta no es ¿quién?, sino ¿por qué? y ¿para qué?

Titubeó durante un momento hasta que con severidad me dijo:

- ¿
por qué?-

En ese instante empecé a hablarle como si un ansia por llegar al final me hubiese tomado.

No aceptan huéspedes, ni tampoco invitados, es un club social limitado.

Por su mirada parecía que no me seguía, adopté una postura severa, pero antes de que pudiera decir alguna palabra dijo:

-
¿para qué?-

Para satisfacer su cerebro de reptil, si tu no existes, ellos buscarían a otra persona, o la inventarían, así podrán seguir con los deseos que le son propios.

- ¡son humanos, no reptiles¡, dijo con severidad-

Animales disfrazados de humanos, ¿humanos sin cerebro de reptil serían humanos?, ¿pienso luego existo? ¿existo luego pienso?.
Existes, existo y existen... ¡la inconciencia de la existencia¡
... ¿Qué puede asemejarse a la razón?.
Antes que racionales, irracionales.... sentimentales en definitiva.

Me miró perplejo, tras unos segundos dubitando, dijo:

-
¡Pero en los sentimientos también hay cariño, afecto... amor¡¡-

Sí, pero también odio, envidia... Cualquier sentimiento que nos sitúe en la deshonestidad es también sentimiento.

-y la razón, ¿es honesta?-

No, si eres malvado; éste actuaría con plena conciencia sin importarle los daños que pudieran sufrir las personas.

Algo presintió porque se mantuvo quieto mirandome con sus negras pupilas, debió de hacerse una idea de la calaña de persona que era y ahora intentaba adivinar mis movimientos.

Rusticiani non civilae, rusticiani non personae, ellos conformaron tu destino y yo acabaré con su obra

No dijo nada, se volvió a la pantalla del ordenador

Viniste de Brasil para huir de tu tío y los continuos abusos y dejaciones a las que te sometía, confiaste en la justicia punitiva de ellos, empero siguen sin aceptarte como igual; pues, ¿qué es una justicia racional en un mundo de inconsciencia y recuerdos conformados?. No te devolvieron tu dignidad y arrastras los hechos como argolla que te presiona.
Sin embargo, lo que sigo sin entender es por qué te aferraste a esta vida.

-Y tú, a cuantos has matado, a cuantas almas tienes como remordimiento en la cabeza y te...-

Su voz se volvía ágil y segura mientras la rueda experimentó una vehemente impaciencia, antes de acabar la frase, ésta impactó contra su pecho y una de las cuchillas se lo atravesó.

Miraba hacía arriba, con la boca abierta; a la vez, tenía convulsiones, y de una arcada, escupió sangre. Al cabo de un rato, el peso de la rueda provocó que el cuerpo se venciera hacia adelante iendo a parar donde estaba extendido un charco con su sangre.

Caminaba hacia la puerta que comunica con el exterior, cuando me dí cuenta de que menos ésta, las otras puertas se encontraban entreabiertas. La primera hoja empezó a ladearse haciendo sonar la visagra.



miércoles, 2 de junio de 2010

THE VERY BEST OF THE STONE ROSES


Hace unas semanas, buscando entre compactos en la tienda de música Revolver, encontré el disco recopilatorio de The Stones Roses, banda nacida en el Reino Unido a finales de los años 80. Recorriendo su lp, uno puede imaginarse a grupos de la talla de Oasis o Blur en sus primeros años, y es que parte de los críticos sostienen que éstas y otras bandas del Brit-pop han asimilado parte de la música de The Stone Roses.
El álbum comienza con "I wanna be adored" el tema más tatareado por sus fans, sigue después con temas tan peculiares como "She bangs the drums" , "Waterfall" o "Fools gold" para acabar con una canción del año 1989 "I am the resurection" .
Quienes como yo conocieron al grupo a través de la canción "Elizabeth my dear", ésta no aparece, quizás porque el disco quería mantener la esencia de The Stones Roses.
Recomendar el recopilatorio a quienes indagan en los orígenes del Brit Pop.


A few weeks ago, searching compact Revolver music store, I found the compilation album The Stone Roses, a band born in the UK in the late 80s. Revising his Lp, one can imagine groups of the size of Oasis and Blur in the early years, and that some critics argue that these and other Brit-pop bands have absorbed some of the music of The Stone Roses.
The album begins with "I Want to Be Adored" humming the track by fans, still later with themes as peculiar as "She bangs the drums", "Waterfall" or "Fools gold" to end a song of 1989, "I am the resurection. "
About as I met the group through the song "my dear Elizabeth," this does not appear, perhaps because the disc I wanted to keep the essence of The Stones Roses.
Recommend compilation who delve into the origins of the Brit Pop

The Stone Roses:

- Ian Brown
- John Squire
- Gary Mounfield
- Alan Wren

http://sinera.diba.cat/search~S171*cat?/Xthe+stone+roses&searchscope=171&SORT=R/Xthe+stone+roses&searchscope=171&SORT=R&SUBKEY=the%20stone%20roses/1%2C9%2C9%2CB/frameset&FF=Xthe+stone+roses&searchscope=171&SORT=R&5%2C5%2C"

http://www.discos-revolver.com/"

http://www.thestoneroses.co.uk/"

viernes, 28 de mayo de 2010

2.1 Carrer València 369

No hizo ni un instante que las sombras absorbieron toda la luz cuando me encontraba en un pasillo largo y lúgrube. A la derecha cinco puertas. Al fondo, latente, la poca luz de la casa parecía emanar de algún televisor encendido. Proyectada en la pared, una sombra no muy alta parecía inquieta.
Luca es un chico de veintinueve años, moreno de piel y pelo negro. Hace diez años dejó atrás su vida en Sao Paolo para instalarse en Barcelona. Aquel jóven que acababa de dejar la pubertad no pudo contener las lágrimas en su primer viaje al viejo mundo.
Con la esperanza como timonel, poco a poco el cielo del trópico de capricornio dejaba paso al Ecuador y tras atravesar el gran Atlántico la peninsula hizo acto de presencia. Empero el viaje no se presuponía fácil, cuando el avión se acercaba a Madrid, una tormenta acompañada de rayos y relámpagos aseguró un aterrizaje brusco e intranquilo.
Si en Madrid era la tormenta quien recibió a Luca, su llegada a Barcelona fue completamente opuesta. El sol relucía en su máximo explendor y la temperatura aún siendo elevada se podía soportar debido al viento de Tramontana que soplaba.
Aquella noche sin embargo, aquel chico era ya un hombre en cuya mesa había un ordenador portatil, un cenicero con varios cigarillos y un tubo con ron y hielo. En un instante se levantó, y quitando importancia a la película que veía en el ordenador, puso la cadena de música. Placebo era el grupo que empezó a sonar. Se volvió a sentar, cogió otro cigarillo y se lo encendió. Su mirada volvía al ordenador en dos direcciones, la primera era para mirar si alguien estaba conectado en el mesenger y la segunda dirección, vaga como de soslayo, se dirigía a la película.
La película era un clásico del cine de acción de serie Z titulada el Patito Lila, cuyo personaje se ve inmerso en un mundo de muerte que el mismo no busca pero del que no puede escapar.
En esa escena aparece el patito lila en un escaparate de una tienda. La película se detuvo en ese instante y Luca al percatarse, buscó la manera de continuar con la reproducción. Después de varios intentos, pensó en que el programa se había bloqueado e intentó cerrarlo, sin éxito, miró la escena y antes de que presionara el botón de reinicio de windows, se fijó en un objeto circular que en la escena parecía estar fuera de contexto. Lo extraño era, que mientras la imagen estaba congelada, aquel objeto con forma de rueda se movía sobre su eje, en cada parte del eje dos cuchillas.

sábado, 15 de mayo de 2010

1.3 El ángel

La madera de la rueda absorbió toda la sangre que pudo y su tonalidad adquirió un color ocre.
La noche se marchaba a la vez que el salón perdía el rastro de la muerte. Cuando el gris ganó terreno al negro, Nico, Susi y Samba marcharon a dormir al dormitorio de Reyes.
La mañana parecía abrirse de nuevo entre nubes. Cuando el despertador sonó, en la casa reinaba una inusual tranquilidad. Me levanté y puse agua a calentar para tomarme una infusión. Era temprano y domingo por lo que todavía era pronto para estar despierto. Dejé la infusión reposar y fui al baño a lavarme la cara. Al llegar a la puerta me percaté de que las tres siluetas felinas se encontraban en posición severa; Nico, Susi y Samba contemplaban mis movimientos desde el pasillo por donde hacia un instante acababa de pasar. Sorprendido de no habérmelos cruzado, entré en el cuarto de baño, me miré al espejo y dije: -bueno me acabo de levantar, es normal que ande algo despistado-. Salí del baño y volví a la cocina, en el camino, no había ni rastro de los tres. Me tomé el té rojo, me recogí en la habitación y me tumbé en la cama durante un rato más.
Son algo más de las tres de la tarde y expuesto al sol el calor se hace insoportable. Bajo el portal número 43 me sitúo para resguardarme del calor y también para esperar la salida.
La humedad tampoco es buena compañera de espera y a pesar de estar protegido de la acción del sol, tengo la camiseta empapada. Sólo quiero darme una oportunidad más, sólo quiero darle una oportunidad más. Unas gotas de sudor recorren mi rostro, la inquietud parece haberse apoderado de mí, y antes de dejarme llevar por el desasosiego, la veo.
Por la puerta aparece una silueta femenina, su piel frágil y blanca está protegida por un vestido de tela blanca y ligera, sólo las piernas se escapan y me permiten comprobar que son proporcionadas y hermosas. Sus ojos azules, acaban de ser tapados por unas gafas de sol, la bella en la Costa de Azul, se podría haber titulado la escena en la que ella abandona la librería donde trabaja; sin embargo una vez más, la Costa Azul se desvanece y la bella es sólo una imagen que se aleja por la calle.
Me desplazo, la sigo, la alcanzo y cuando quiero decirle que, de todas las cosas maravillosas del mundo sólo hay una que reuna el encanto de todas ellas, me vuelvo introvertido, el corazón se me dispara, las ideas se difuminan en la nada y las palabras campan libres y sin razón. Ella me conoce, sólo soy otro cliente más. Se ha percatado de que estoy a su lado y con modestia, decide atenderme; un hola, un ¿qué tal? y ya es suficiente para mí.
Lo planeado por la razón durante días, se viene al traste cuando estoy cerca de ella, el plan parecía perfecto, sin embargo, ante su persona soy un tartamudo que responde titubeante -sí, bien gracias me dirijo a ver la programación de los Cines Alexandra.-
Ella debe de notar lo patán que soy y esboza una sonrisa, que sosega al monstruo que me daba la sensación ser en aquel momento. La conversación siguió con sus sutiles preguntas, más naturales e inocentes que las que dije yo, llenas de artificio e impertinentes.
Sin venir a cuento, lo dije ¿te apetece tomar algo?, ella volvió a mostrar su perfecta sonrisa y me dijo que no podía, que el tren de Parets se le escapaba. ¿Por qué tengo que meter la pata cuando pasa delante mío un ángel como ella?
Aquella respuesta, me indujo de nuevo al estado introvertido, pero el aire ya era muy pesado para soportarlo. Le dije: -vale-, le desee buena tarde y me fui sonrojado en sentido contrario.
Aquella noche, en mi habitación, lloré mientras repetía para mi mismo: ¿qué planes tendría que hacer?, ¿le habré parecido un bicho raro?, peor aún, ¿no pensará en mis sentimientos?.
No hizo ni un instante que la oscuridad absorbió toda la luz cuando me encontraba en un pasillo largo y lúgrube. A la derecha cinco puertas. Al fondo, latente, la poca luz de la casa parecía emanar de algún televisor encendido. Proyectada en la pared, una sombra no muy alta parecía inquieta.

sábado, 8 de mayo de 2010

1.2 La rueda se alimenta

Dicen que por la boca pequeña no entran ruedas de molino, quizás por eso ella hablase así, para que no le entrasen esas ruedas, sin embargo lo que en ese momento los tres pequeños felinos no sabían, es que la rueda de molino que se estaba conformado incluía dos cuchillas, una a cada lado del centro de la llanta. Esa rueda se acabó aquella misma noche.
Valedora del título de paranoica era Pamela, digo que era porque aquella misma noche desapareció. Cierto es que la rueda siguió allí en el salón, quieta, esperando a un nuevo amo, que quizá la siga dando forma o que quizá sólo se deje llevar por su suerte.
Pamela había hecho de la convivencia un orden, que de tanto en tanto era alterado por las risas de las dos de la mañana. Aquella noche las risas habían vuelto y Pamela violentada por tal desaprensión, se levantó de la cama y se fue al salón. En el momento, había un grupo de personas, algunos conocidos y otros no, pero allí estaban todos mirándola desde arriba. Pamela se puso las manos en la cabeza y se tapó los oídos, pero allí seguían. Al cabo de un rato las risas pararon, pero en sus caras sólo había sardónica risa que sin embargo la hicieron encerrarse en su paranoia y empezar a lanzar insultos acá y acullá con cierto resultado incierto, ya que las personas volvieron a reírse. Exhausta, con el último resuello, empezó a balancearse, se contrajo en posición fetal y empezó a hablar en voz baja. Cuando quiso darse cuenta de que había una rueda enfrente de sus pies, la suerte ya la había tocado y como ésta habló con las percas en la rueda encontró un hilo.
Mientras cogía el hilo, más voces, esta vez sin rostro, se sumaron al escenario,que como foro público de la risa le hacían a ella sentir sórdida. Vuelta a la risa, vuelta de nuevo a oír y sentir ser alguien diferente por el rechazo; vuelta la sardónica, vuelta y vuelta, todo girado y otra vez a empezar.
Que decir de la risa que no estuviese experimentando ella en esos momentos, sólo retozadas de aquella mujer de unos cincuenta años, de pelo corto y mirada fulminante parecían afectarla con más indignación que las otras.
Cuando lo locuaz dejó México y definió la materia de ella, en la rueda se acababa de conformar, sin que ella fuese consciente de lo que hacía, dos cuchillas.
Una de ellas fue dirigida con firmeza por el brazo izquierdo hasta situarse a una distancia prudencial,la que separa la vida de la muerte. Empero, aquellas no debían ser las instrucciones correctas, porque de nuevo, un hilo de lana de color negro descendía hasta que se posó en la cuchilla. Confundida Pamela, dudó, y con ademán de supervivencia, intentó quitar la cuchilla de su alcance. Nerviosa, sin meditar en lo que estaba haciendo levantó la rueda y en el momento que veía alejarse la cuchilla, apareció su hermana de acero y le sesgó el cuello. La sangre, empezó a extenderse por todo el lugar. La madera de la rueda absorbió toda la sangre que pudo y su tonalidad adquirió un color ocre.